Según valdeandemagico, la pirámide de Keops medía la estabilidad magnética del planeta tierra (además de temperatura, vientos, movimientos sismicos...)y mandaba dichos datos al espacio. La camara del Rey, era el amplificador fractal, cuya señal portadora (1.42 Ghz) salía por los conductos de ventilación. Todas las medidas de canalizaciones, cámaras y demás están relacionadas con las ondas electromagnéticas que por ahí viajaban.

lunes, febrero 18, 2008

Diario de Burgos 21/08/2007

VALDEANDE
«Hay gente que hace cosas muy importantes y no sale en la prensa»
I.M.L.
Aunque no supera los 40 años, los trabajos de este joven científico en el campo de la Biomedicina están traspasando las fronteras nacionales. De hecho, su trabajo como investigador lo iniciaba en Estados Unidos, donde estuvo a punto de quedarse debido a las condiciones favorables de trabajo que encontró allí. Afortunadamente, el premio EURYI de jóvenes investigadores europeos (2004) le dio el respaldo económico necesario para regresar a España a trabajar, desempeñando en la actualidad su labor en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC). Miguel Ángel de Pozo Barriuso es hijo de Silvio y Rafaela, ambos naturales de la localidad ribereña de Valdeande. A pesar de haber nacido en San Sebastián, debido a que su padre trabajaba en la factoría de Michelin de Lasarte, desde los tres años vivió en Aranda de Duero hasta que se fue a Valladolid a estudiar medicina. A partir de ahí, su carrera como científico ha ido saltando de premio en premio. Estos reconocimientos no le han cambiado su forma de ser y, siempre que puede, en vacaciones, regresa a Valdeande en busca de tranquilidad. ¿Por qué estudió medicina, una carrera en la que pesa mucho la vocación? Lo cierto es que fue un poco por casualidad. Yo no tenía muy claro lo que quería estudiar pero si tenía claro que me gustaba la investigación, tenía curiosidad por muchas cosas y, de hecho, me gustaba mucho la física, por lo de la astrofísica, y cuando empecé a estudiar biología en tercero de Bachillerato me gustaba mucho lo de las células, el ADN. Estaba un poco entre biología y física. Al final, como iba a ir a Valladolid, hice medicina porque era lo más parecido a la biología. Mi vocación en definitiva era la investigación, tenía mucha curiosidad por muchas cosas, que es la motivación que lleva a investigar. El común de la población tiene una idea preconcebida sobre los investigadores, les encuadra a todos en la categoría de ‘científico loco’ pero ¿esa imagen se ajusta a la realidad? Para nada, somos gente normal, lo que pasa es que la investigación es un trabajo que necesita mucha dedicación, tienes que echarle muchas horas y nunca puedes abarcar todo. Además, hoy día hay mucha gente trabajando a nivel global, gracias a internet, y cada día salen muchos artículos; simplemente estar al día de lo que está saliendo es un gran esfuerzo y, además, contribuir tú con algo novedoso al campo en el que estás trabajando te exige mucha dedicación. A eso se suma que yo tengo un laboratorio de diez personas a mi cargo que tengo que supervisar el proyecto de cada uno y que ahora soy director de uno de los departamentos del CNIC y eso hace que todos los días tenga varias reuniones. Su labor comenzó a ser conocida por sus vecinos ribereños a raíz del premio EURYI de jóvenes investigadores, logrado en 2004, pero ese no es el único reconocimiento que ha logrado a lo largo de su carrera... No, pero yo creo que la mayor satisfacción es poder hacer algo que me gusta. En cuanto a los galardones, la primera vez que aparecí en las página de Diario de Burgos fue porque me dieron el premio de bachillerato a nivel de Castilla y León y en la fase nacional. Eso, con 16 años, fue un estímulo muy grande. Aunque hace muchísimo tiempo de eso para mí fue uno de mis mayores satisfacciones. También logré el premio extraordinario de carrera, el premio extraordinario de tesis y me han dado becas que me han permitido irme al extranjero, por parte de organismos internacionales, españoles, japoneses, americanos… En España, conseguí una plaza de investigador científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y eso me llenó de satisfacción porque es bastante difícil. También me dieron el premio de investigador joven de EMBO (Organización Europea de Biología Molecular) y este año me han dado uno de la Sociedad Española de Bioquímica para investigadores menores de 40 años que también está muy bien. Además de la satisfacción personal de estos premios, vienen muy bien por la dotación económica que llevan aparejada. Por su relevancia y por la dotación económica del premio EURYI (1.250.000 euros) ¿es el que más ha marcado su carrera? Si, de hecho, marcó la diferencia. Hasta ese momento, había hecho la tesis doctoral, me fui como investigador posdoctoral para completar mi formación al instituto Scripps, en San Diego (California). Allí empecé mi propio laboratorio y me estuve planteando muy seriamente quedarme en EE.UU. porque allí tenía unas condiciones muy buenas de trabajo. Pero ese premio europeo fue uno de los motivos para volverme a España. Con ese currículo, ¿no siente usted que su labor no es suficientemente conocida y reconocida por la sociedad? No me he parado a pensar cómo de conocidos somos, aquí en Valdeande todo el mundo me conoce, pero igual no sabían que hacía investigación y no sabían exactamente que hacía. A nivel general, creo en España hay demasiado enfoque personalista, como los futbolistas: escogemos a uno y está todos los días en los medios. Hay gente que hace muchas cosas importantes que no sale en la prensa. Quizá sea más importante, por ejemplo, cuando un científico ha descubierto algo muy importante, hablar de esa contribución más que de la persona. Además, la investigación es un trabajo en equipo. ¿La investigación científica sigue siendo la asignatura pendiente en España? Últimamente está cambiando un poco la cosa, cuando yo empecé era un desastre. En el momento actual ha habido un cambio de conciencia en el Gobierno y hay un poquito más de inversión, pero todavía estamos muy por debajo de la media europea. En Europa, la media de lo que se dedica a I+D ronda el 2% del PIB, y en España es algo más del 1%. Parece que en la agenda del Gobierno está apostar por la I+D. Es una muestra que hayan puesto como ministro de Sanidad y Consumo a Bernard Soria, porque el centro donde yo trabajo depende de este Ministerio, y que el que vaya a llevar las riendas sea un investigador indica que hay una preocupación clara para aumentar el presupuesto. La realidad es que la cultura anglosajona siempre ha invertido mucho más en investigación mientras que en España, en Europa, se consideraba como invertir en algo que iba a saco roto. En realidad, invertir en I+D es invertir en progreso económico y de conocimiento. Si tú descubres algo no tienes que ir a comprarlo a otros países. El reto de España es ponerse a la cabeza de la investigación; ahora somos como la octava potencia económica mundial y, sin embargo, en investigación estamos por debajo, en el puesto del 12 al 20, por ahí. ¿Cómo podría explicar a nuestros lectores en qué consiste su línea de investigación de forma entendible para todos? En mi laboratorio estamos investigando el funcionamiento de las integrinas, que es una línea muy amplia. Las integrinas son como los pies en una célula, es lo que hace que la célula se pegue al medio que le rodea y, a la vez, escuchan lo que pasa en el exterior y le manda la información al interior de la célula, al núcleo, que es donde está la información genética, para que éste reaccione de una forma o de otra. Toda esa información que mandan dentro es fundamental para muchos procesos, como para el desarrollo embrionario, para que la célula decida dividirse en dos, para desplazarse de un sitio a otro, para formar las arterias y las venas... Lo que estamos estudiando nosotros es cuál es la función normal de las integrinas en un proceso o en otro, como la migración o la multiplicación celular, importantes para el funcionamiento normal y para algunas patologías, como el cáncer o la formación de la placa de arterioesclerosis. ¿Cuál es la meta que se ha marcado en ese campo? Intento es no hacerme metas a muy largo plazo. Tienes que hacerte metas de meses o años, porque tienes que conseguir financiación continuamente, lo cual significa tener resultados, lograr el dinero y seguir trabajando. Mi meta principal es seguir haciendo algo que realmente me gusta como es la investigación. Si además consigo descubrir algo, aunque sólo sea por progreso en el conocimiento, será una gran satisfacción y si, además, eso que descubra, sirve para aplicarse a algún tipo de enfermedad en el futuro, pues mucho mejor. Este tema tan especializado era el motivo de la charla que ofrecía a sus vecinos de Valdeande, en la que lograba un gran poder de convocatoria. Fue muy emocionante pero la más difícil que he tenido que dar porque el lenguaje al que estamos acostumbrado nosotros es como cualquier persona que se especializa en un campo determinado, utilizas el lenguaje de tu campo y traducirlo para la gente del pueblo, con profesiones de lo más variado, fue un esfuerzo pero un placer. Es una forma de transmitir lo que se está haciendo y me sentí muy arropado, la gente aplaudió muchísimo. Esa charla fue la forma de dar a conocer a sus convecinos hasta donde llegan sus logros. ¿Ese momento fue un motivo de orgullo para sus padres? La verdad es a mí me lo han transmitido desde pequeño la conciencia de modestia, yo me considero una persona normal, ellos también lo son, y no le damos importancia a esto. Yo tengo la suerte de hacer algo que me gusta, que mucha gente tiene el trabajo como esa cosa que tiene que hacer durante ocho horas al día y a lo mejor no les gusta. El otro día, en la charla en el pueblo, fue muy emocionante. Seguro que a mis padres les gustó más que cuando vinieron a Estocolmo conmigo a recoger el premio EURYI, donde la charla fue en inglés y no se enteraron de nada. Yo creo que las pequeñas satisfacciones como ésta están bien.