Según valdeandemagico, la pirámide de Keops medía la estabilidad magnética del planeta tierra (además de temperatura, vientos, movimientos sismicos...)y mandaba dichos datos al espacio. La camara del Rey, era el amplificador fractal, cuya señal portadora (1.42 Ghz) salía por los conductos de ventilación. Todas las medidas de canalizaciones, cámaras y demás están relacionadas con las ondas electromagnéticas que por ahí viajaban.

domingo, mayo 10, 2009

47 millones de años. Aseguran haber encontrado el 'eslabón perdido' de la evolución humana


Un equipo de científicos han presentado al mundo el esqueleto fosilizado de un mono con rasgos parecidos al de los actuales lémures de 47 millones de años de antigüedad que podría ser el eslabón perdido de la evolución humana. El fósil, al que han llamado Ida, ha sido presentado en en Nueva York.
Esta criatura va a enseñarnos nuestra conexión con el resto de los mamíferos. Nos conecta directamente con ellos
El descubrimiento del 95% del esqueleto de un mono-lemur ha sido descrito por los expertos como "la octava maravilla del mundo", y consideran que se ha completado la búsqueda de una conexión directa entre los humanos y el resto del reino animal que inició Charles Darwin hace 200 años con la Teoría de la Evolución.
Según ha expresado el investigador sir David Attenborough al canal de televisión Sky News, Darwin "se habría emocionado" de haber visto el fósil porque expresa lo que el ser humano es y de dónde procede.



Los investigadores han concluido que Ida no fue un simple lemur sino un lemur mono, porque se encuentra a caballo entre ambos grupos y además se sitúa en la cercana línea hacia los humanos.
Investigado en secreto
"Esta pequeña criatura va a enseñarnos nuestra conexión con el resto de los mamíferos. Es el único que nos conecta directamente con ellos", ha añadido. "Ahora la gente puede decir, de acuerdo, somos primates, éste es el vínculo. Ese nexo que decían que estaba perdido ya no lo está más".
El fósil de la mona Ida, de unos 53 centímetros de altura, ha sido investigado en secreto durante los últimos dos años por un equipo internacional de expertos en fósiles dirigido por el profesor del Museo de Historia Natural de Noruega, Jorn Hurum.
Después de ese tiempo fue trasladado a Nueva York bajo fuertes medidas de seguridad. A finales de mayo se exhibirá durante un día en el Museo de Historia Natural de Londres, antes de regresar a Oslo.
Ida tiene en vez de garras uñas como las de los seres humanos y sus pulgares opuestos, lo que la sitúa en el inicio de la raíz de la evolución humana cuando los primeros primates desarrollaron características que después eventualmente les harían convertirse en lo que hoy es el hombre.
Colgada en una pared por 20 años
Ida fue desenterrada por un cazador de fósiles aficionado hace unos 25 años en Messel Pit, un antiguo cráter volcánico cerca de Fráncfort. El coleccionista la limpió y la colocó en un poliéster de resina y la mantuvo colgada durante 20 años en la pared de su casa.
Según Sky News el propietario no tenía idea de la importancia única del fósil y simplemente lo contemplaba como a un cuadro. Sin embargo, en 2006, Ida llegó a las manos de un tratante privado, Thomas Perner, que se presentó con el fósil al profesor Hurum en la Feria anual de fósiles y de comercio de minerales de Hamburgo, Alemania.
Fue entonces cuando el tratante le pidió más de un millón de dólares por el fósil, diez veces más que la cantidad más alta pagada por un fósil en el mercado negro, según la cadena de noticias americana. Sin embargo, después de seis meses de negociaciones, el profesor logró recopilar el dinero en Noruega y se llevó a Ida a Oslo (Noruega).






Otro eslabón perdido


Las corrientes creacionistas que niegan la evolución de las especies se atrincheran en una supuesta carencia de fósiles de transición que sugieran la aparición de las especies modernas. Pero nada más alejado de la realidad científica. Nature publica hoy un nuevo y flamante ejemplo de la evolución en acción, un eslabón perdido de las focas que congeló en el tiempo una especie en plena transición de la vida terrestre a la acuática.
El descubrimiento procede de la isla de Devon, en el ártico canadiense. En 2007, un equipo de científicos desenterró allí los primeros restos, ocultos en el sedimento de un antiguo lago en el fondo de un cráter meteorítico. La datación de los estratos los situaba en el Mioceno, hace unos 23 millones de años. Pero con este primer hallazgo, la escasez de piezas impidió la identificación del ejemplar. Un año más tarde, otra campaña de excavación logró rescatar la base del cráneo, una estructura que ayuda a establecer las relaciones taxonómicas.
Entonces y según los autores del trabajo, quedó claro que aquel animal de complexión similar a los mamíferos terrestres, pero con patas adaptadas a la natación, no era una nutria sino un ancestro de los pinnípedos, el grupo que reúne a las focas, otarios y morsas. Los científicos bautizaron a la nueva especie como Puijila darwini, un nombre que une el término empleado por los nativos inuit para designar a los mamíferos marinos con un homenaje a Darwin, el fundador de la biología evolutiva cuyo bicentenario se celebra este año.
Según la directora del estudio, Natalia Rybczynski, del Museo de Historia Natural de Canadá, la importancia de Puijila reside en que refleja "la transición de los pinnípedos de la tierra al mar", un fenómeno "que ha sido difícil de estudiar porque las pruebas fósiles son débiles y discutibles". El pinnípedo fósil más antiguo conocido hasta ahora, Enaliarctos, ya había trocado sus extremidades en aletas, mientras que la nueva especie es una primitiva "foca andante", con patas musculosas de proporciones similares a las de osos o mofetas, pero con dedos aplanados que sugieren unos pies palmípedos.
Cuna ártica
El hallazgo ha permitido también a Rybczynski y sus colegas corroborar la hipótesis más aceptada sobre el origen de los pinnípedos, que sitúa la cuna de estos animales en el ártico. Los restos de plantas fósiles recogidos en el lugar indican que Puijila conoció un clima muy diferente al que hoy azota el país inuit; el ártico del Mioceno era más templado, similar a la actual costa noreste de EEUU, con lagos que se helaban en invierno.
Los científicos sospechan que las duras invernadas obligaban a aquellos antepasados de las focas a buscar su alimento más allá de sus tierras estivales, en las costas, y que así fue como los mamíferos semiacuáticos de agua dulce llegaron a conquistar los océanos.