Según valdeandemagico, la pirámide de Keops medía la estabilidad magnética del planeta tierra (además de temperatura, vientos, movimientos sismicos...)y mandaba dichos datos al espacio. La camara del Rey, era el amplificador fractal, cuya señal portadora (1.42 Ghz) salía por los conductos de ventilación. Todas las medidas de canalizaciones, cámaras y demás están relacionadas con las ondas electromagnéticas que por ahí viajaban.

jueves, abril 14, 2011

Valdeandemagico con "El manuscrito de Avicena"


El manuscrito de Avicena guardaba el resumen de toda la sabiduría de la historia, se escondió en un lugar mágico, y de dicho lugar aprende Valdeandemagico.

Presentación del libro "el manuscrito de Avicena" el 23 de abril a las 18:00, en Valdeande.

El gran sabio Avicena se aprendió una de las bibliotecas más famosas del mundo, luego se prendió fuego pasando al olvido toda esa sabiduría, pero Avicena resumió todo el conocimiento en un solo manuscrito.

Tras mucho ir y venir, al final dicho manuscrito fue escondido en un lugar mágico, en lugar único. Todos grandes poderes lo buscan, pero Valdeandemagico siempre ha seguido los símbolos del lugar mágico donde fue escondido.







"El Manuscrito de Avicena" un libro que todos deben de leer.

“A sus cincuenta y siete años, enjuto, con los rasgos marcados, los dedos delicados, los ojos hundidos, la piel renegrida, constituía la imagen devaluada del médico que fue en un tiempo. Su paso por cárceles inmundas, los exilios voluntarios para huir de quienes pretendían esclavizar su ciencia, las horas de trabajo entre pacientes de toda procedencia y las noches en vela dedicadas al estudio le habían trocado en un despojo cansado”.
Este era Avicena a los 57 años de edad, ya a un paso de la muerte.
¿Por qué elegí a Avicena para mi novela?
Avicena –a mi me gusta llamarlo por su nombre árabe, Ibn Sina– fue un adelantado de su tiempo. Uno de los médicos más importantes de la antigüedad, y un gran filósofo y humanista.
Elevó la ciencia a niveles jamás alcanzados hasta aquel momento. Escribió más de 250 libros, de medicina, de filosofía, de astrología…, aunque muchos de ellos no consiguieron llegar hasta nuestros días.
Trescientos años después de su muerte aún usaban sus libros para curar enfermos. Con el empleo de su ciencia, fuimos ampliando nuestra edad media de vida. Aunque no hasta el punto de volvernos inmortales, claro.
Pero Ibn Sina fue mucho más que un médico. Lo que realmente me atrajo de él no fueron sus conocimientos, sino su capacidad de mantenerse íntegro ante los emires a los que sirvió, mientras por otro lado se bebía la vida a tragos.
Esa contradicción de hombre justo y vividor lo hizo entrañablemente humano ante mis ojos.
Y esa misma humanidad le llevó a buscar el conocimiento con una intensidad tal que removió todos los conceptos que hasta entonces existían.
“Libros de papel árabe, rollos de papiro egipcio, bronces cuneiformes babilonios, pergaminos de atirantada piel, tablillas de junco chino. Decenas de miles de ejemplares, quizá centenares de miles, se amontonaban sobre estanterías de blanco abedul a lo largo de las paredes de la sala. Una docena de estudiosos leía o escribía en cuatro mesas dispuestas a un lado de la habitación.
Ibn Sina recorrió con lentitud algunas de las estanterías. Bajo su atenta mirada pasaron obras de Plinio, Séneca, Catón, Cicerón, Al-Farabi, Ibn Isaac, Hipócrates, Galeno, Platón… Al acabar, se arrodilló en mitad de la sala y lloró”.
Y a partir de ahí creó nuevos conceptos y los introdujo en casi tres centenares de libros. ¿Y si una de aquellas obras perdidas irremisiblemente en el tiempo encerrase uno de los hallazgos más importantes de la historia?
Ustedes dirán que es muy atrevido asegurarlo, sin prueba alguna que lo defienda, claro.




1 comentario:

Anónimo dijo...

es de las mejores obras literarias que he leido una gran novela historica , esta muy bien escrita y engancha desde la primer hoja hasta la ultima sin perder la intriga hasta el final