Según valdeandemagico, la pirámide de Keops medía la estabilidad magnética del planeta tierra (además de temperatura, vientos, movimientos sismicos...)y mandaba dichos datos al espacio. La camara del Rey, era el amplificador fractal, cuya señal portadora (1.42 Ghz) salía por los conductos de ventilación. Todas las medidas de canalizaciones, cámaras y demás están relacionadas con las ondas electromagnéticas que por ahí viajaban.

viernes, noviembre 25, 2011

Las células también tienen alma


Según la teoría del todo de Valdeandemagico, las células son seres inferiores a nosotros, pero que funcionan con los mismos principios, es decir se ríen, lloran, organizan transplantes y hasta gritan cuando saben que van a morir, es decir viven en un mundo globalizado como nosotros y tienen múltiples sistemas de comunicación con el interior y el exterior. Y lógicamente también tienen alma, o como dice la teoría del todo de Valdeandwemagico, tienen una nube de donde reciben la información y a donde la envían, la cual es exacta a la nube que estamos diseñando en Internet.




Las noticias que comentamos hoy tienen que ver con experimentos donde se ve como las células cuando saben que van a morir aumenta el nivel de  información, está claro que pidiendo ayuda.

Y el caso es que este nivel de comunicación es tan variado y preciso, que la segunda noticia nos dice que cuando el feto sabe que el corazón de su madre ha sufrido un infarto, es capaz la nube, de organizar que se envíen células madre del feto, para intentar salvar el infarto de la madre. Noticias normales para la teoría del todo de Valdeandemagico, pero que puede parecer sorprendente a los que se limitan a aprender lo que nos enseña la ciencia oficial. Y como siempre decimos, simplemente consiste en ver las cosas de una forma radicalmente distinta a como nos obligan a verlas.

El físico alemán Albert Popp constata la existencia de la radiación luminosa celular

SUSANA MORALES
El investigador alemán Fritz Albert Popp, profesor de Física en la Universidad de Marburgo (República Federal de Alemania), acaba de arrojar una nueva luz sobre un tema que apasiona tanto a médicos como a biólogos y físicos: la emisión de radiación luminosa por parte de las células animales y vegetales. El doctor Popp ha constatado recientemente la existencia de este proceso natural de los seres vivos, calificada de hipótesis hasta ahora, y ha puesto de manifiesto la gran importancia que ello supone para el tratamiento de numerosas enfermedades; entre ellas, el cáncer.

Desde el descubrimiento realizado por el científico ruso Alexander Gurvich, en 1923, acerca de la existencia de un tipo de radiación por medio de la cual las células se comunicaban entre sí, los biofísicos de todo el mundo han estado a la caza de las partículas y mecanismos implicados en este proceso. Gurvich, quien trabajó con cultivos celulares de plántulas de cebolla, observó que si se interponía un cristal de vidrio entre las células se producía una desincronización de sus divisiones reproductoras (mitosis); no así con un cristal de cuarzo. Lo que le llevó a pensar que existía una emisión de radiación electromagnética entre ellas, perteneciente a la banda de los rayos ultravioletas e implicada en un desconocido proceso informativo intercelular.Fue un compañero de Popp, del Laboratorio de Biofísica de la Universidad de Marburgo, Bernd Ruth, quien, hace ocho años, pareció dilucidar de una vez por todas la cuestión. Utilizando un multiplicador fotoelectrónico, aparato tan sensible que puede detectar la presencia de una luciérnaga a diez kilómetros de distancia, comprobó que realmente las células emitían luminosidad, aunque de ínfima intensidad (hecho del que, desde 1960, científicos rusos decían haber demostrado).
Ruth encontró, además, los portadores de dicha radiación: unas partículas a las que denominó biofotones. Y constató la excelente capacidad de las células sanas para emitirlas, detectarlas y acumularlas. Las objecciones surgieron esta vez ante la posibilidad de que esta irradiación fuera de origen térmico, ya que se sabe que todas las sustancias, animadas e inanimadas, emiten cierta radiación siempre que posean una temperatura superior al cero absoluto (-273,16 ºC). Esto es, precisamente, lo que el doctor Popp acaba de refutar, ya que la medición de la radiación celular resulta incomparablemente más potente que la producida por la temperatura.

El ritmo de una célula sana

Popp opina que este tipo de radiación se encuentra, efectivamente, al servicio de la comunicación celular, puesto que se trata de una emisión de tipo lasérico. Es decir, las células sanas no emiten ondas luminosas de forma caótica, sino rítmica y coherentemente (entendiendo por coherencia un parámetro indicador de la validez del intercambio de información en una comunicación), característica de los rayos láser.Ello supone un nuevo punto de vista para el concepto de enfermedad, puesto que las células sanas han demostrado ser excelentes acumuladores de fotones y poseen mayor capacidad para conservar su energía que cualquier otro acumulador técnicamente realizable.
Su muerte, sin embargo, hace que se pierda esta capacidad. Hecho comprobado al observarse un aumento cien veces superior de irradiación luminosa cuando ello sucede y su desaparición total al cabo de unas horas. Para Popp, dado que el deterioro de un sistema biológico, la enfermedad y la muerte implican la disminución de la coherencia y, por consiguiente, el aumento de la pérdida de información, la observación de la radiación de las células vivas contituiría un instrumento inapreciable para realizar diagnósticos prematuros.
Incluso piensa que los organismos enfermos podrían someterse a un tratamiento de coherencia, mediante la aplicación de un estímulo rítmico exterior, para recuperar el ritmo propio. Esta terapia podría ser, por ejemplo, el uso del láser infrarrojo a diodos, ya que científicos de la Universidad de Alma Atta (Unión Soviética) descubrieron en la década de los sesenta que la radiación de esta zona del espectro es, precisamente, una de las más importantes y mayoritarias emitidas por las células.
Otro punto interesante derivado de las investigaciones de este físico alemán se refiere a la concepción termodinámica de los sistemas biológicos. Se reconocía, hasta ahora, su capacidad de intercambiar no sólo energía con su entorno, sino también materia, por lo que son considerados, desde el punto de vista físico, sistemas abiertos, no conclusos. La reciente aportación de Popp, defendida hace años por el premio Nobel belga llya Prigogine, es que el ser vivo es, en realidad, el resultado de un complicado y permanente proceso de equilibrio entre las desviaciones más diversas de un estado aparentemente constante, así como que el grado de orden que puede alcanzar y mantener bien acotado por el punto a partir del cual la emisión de la radiación celular deja de ser de tipo lasérico, el denominado umbral láser

Helpful Mouse Fetuses Naturally Send Stem Cells to Mom to Fix Her Damaged Heart


Cardiomyocytes damaged by a heart attack
What’s the News: Scientists are devoting countless research hours to treatments based on embryonic stem cells, differentiating these blank-slate cells from embryos into brain cells, light-sensing retinal cells, blood cells, and more to replace damaged or destroyed tissues in the body. Now, a new study in mice shows such that nature has arrived at just such a solution, too: When a pregnant mouse has a heart attack, her fetus donates some of its stem cells to help rebuild the damaged heart tissue.
How the Heck:
  • The researchers started with two lines of mice: normal mice and mice genetically engineered to express  green fluorescent protein (GFP), which glows a distinctive green when exposed to blue light, in their cells. They mated normal female mice with GFP-producing male mice. This meant that half the resulting fetuses had the GFP gene, too, making their cells glow, too. Twelve days later—a little less than two-thirds of the way through a normal mouse pregnancy—the researchers gave half the pregnant mice heart attacks.
  • When the scientists examined the female mice’s heart tissue two weeks after the heart attacks, they found lots of glowing green tissue—cells that came from the fetus—in the mom’s heart. Mice who had heart attacks had eight times as many cells from the fetus in their hearts as mice who hadn’t had a heart attack did, meaning the high volume of fetal cells was a response to the heart attack.
  • What’s more, the embryo’s stem cells had differentiated into various types of heart tissue, including  cardiomyocytes, the rhythmically contracting muscle cells that produce a heartbeat.
What’s the Context:
The Future Holds: Since fetal stem cells can be readily isolated from the placenta, the researchers point out, they could provide a plentiful source of stem cells for treating heart damage.
Reference: Rina J. Kara et al. “Fetal Cells Traffic to Injured Maternal Myocardium and Undergo Cardiac Differentiation.”Circulation Research, published online November 14, 2011.