Según valdeandemagico, la pirámide de Keops medía la estabilidad magnética del planeta tierra (además de temperatura, vientos, movimientos sismicos...)y mandaba dichos datos al espacio. La camara del Rey, era el amplificador fractal, cuya señal portadora (1.42 Ghz) salía por los conductos de ventilación. Todas las medidas de canalizaciones, cámaras y demás están relacionadas con las ondas electromagnéticas que por ahí viajaban.

domingo, noviembre 13, 2011

Sensores Biomiméticos. Estamos creando nuestro Universo Inteligente

Según la teoría del todo de Valdeandemagico, el ciclo de la vida dice que el Universo Inteligente crea máquinas moleculares, las cuales van evolucionando y aprendiendo todas interconectadas de tal forma que dicha información pasa al Universo Inteligente, haciendo que toda la información aumente en forma logaritmica. Podríamos decir que estamos creando un Universo Inteligente igual al que nos ha creado, y que será capaz de crear seres más evolucionados que nosotros.
Estamos empezando a imitar a quienes nos modificaron
Si ayer hablábamos de las impresoras de organos que estamos creando, hoy vamos a hablar de los sensores biomiméticos que otra parte de los hombres crean. La idea es que vivimos, o formamos todos parte de una nube de información, con un control descentralizado, pero muy comunicados, vamos creando información en la forma logarítmica que todos sabemos y que nos dice que en 25 años habremos encontrado la singularidad, es decir ser capaces de crear seres como nosotros.
Somos máquinas moleculares diseñadas para recibir y transmitir infinita información, la cual se va transmitiendo a niveles superiores e inferiores. Por ejemplo la transmitimos a esa nube superior a la nuestra,  o Universo Inteligente, o al conocido como Dios por las religiones. A nuestra nube de información, la llamamos Alma, y lo importante es que dicha nube está unidad tecnologicamente hablando con el resto de nubes, o resto de Almas.  En esa fase de transferir información a ese Universo Inteligente que nos diseñó, hoy toca hablar de los sensores biomímetricos, de los cuales nuestro cuerpo tiene muchísimos, pero que de momento estamos aprendiendo a diseñar.

Sensores biomiméticos ayudan a guiar a los barcos en alta mar

Científicos del MIT perfeccionan la navegación de los Vehículos Submarinos Autónomos imitando a los peces


Desde la década de 1970, cuando los primeros vehículos submarinos autónomos (AUVs) empezaron a desarrollarse en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), muchos científicos de dicho Instituto han luchado contra diferentes obstáculos y dificultades para que estos robots puedan viajar de forma autónoma por las profundidades del océano. Gracias a unos sensores que imitan el comportamiento de ciertos animales acuáticos, el MIT intenta perfeccionar la inteligencia artificial de los AUVs, así como su navegación, estabilidad y tenacidad en el mar. Por Maricar García.



Los sensores para la navegación tratan de imitar las líneas laterales de los peces. Fuente: MIT.
Los sensores para la navegación tratan de imitar las líneas laterales de los peces. Fuente: MIT.
Cualquiera que haya conducido un barco sabe del esfuerzo que se necesita para mantener el rumbo cuando las corrientes empujan en diferentes direcciones. Para evitar esto, un equipo de investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts de Estados Unidos (MIT) han desarrollado sensores capaces de medir la presión de los flujos de alrededor de un buque de alta mar y así utilizar estas corrientes en lugar de luchar contra ellas, ahorrando energía y mejorando la maniobrabilidad.

Otros trabajos pretenden ir un paso más adelante, cambiando la forma de los flujos que impiden el progreso a formas que sí ayudan a conseguirlo. Todo ello ha sido publicado por la página web del MIT en un comunicado.

Las corrientes que están alrededor de vehículos submarinos autónomos (AUV) y otras embarcaciones -desde buques a submarinos- pueden afectar significativamente su rendimiento. Por ejemplo, cuando un barco va a 20 millas por hora y gira bruscamente, empuja a la corriente de un lado y crea remolinos en la otra, de modo que como resultado, su velocidad puede bajar repentinamente a siete millas por hora.

El comportamiento de las superficies de control, tales como timones y hélices también puede verse afectado. Una hélice funcionando con ondas, por ejemplo, puede experimentar cavitación, un fenómeno en el que las burbujas de vapor se forman alrededor de las aspas, lo que impide un uso adecuado. La prevención de estos fenómenos podría significar un funcionamiento más suave y más eficiente energéticamente. De hecho, los barcos de alta mar son responsables de un 8,6% del total del consumo anual de petróleo del mundo, por lo que incluso un pequeño aumento en la eficiencia podría significar un importante ahorro energético.

Ejemplos del mundo animal

Las criaturas marinas no experimentan este tipo de problemas porque tienen órganos especiales que les permiten percibir su entorno. Muchos peces, con líneas laterales de color oscuro a lo largo de su cuerpo y cabeza, contienen cientos de pequeños sensores de presión y velocidad que perciben a cada momento los cambios en las corrientes marinas, lo que permite a los peces para dar vuelta o tomar una acción más apropiada.

El efecto puede ser asombroso. El pez cueva mexicano, por ejemplo, vive en la más absoluta oscuridad. Como resultado de ello, no tiene ojos y debe navegar usando solamente sus líneas laterales. En un entorno experimental, los peces cueva se mueven a oscuras perfectamente, salvando obstáculos, nadando a través de rocas y grietas.

"Queremos diseñar sensores para nuestros buques que puedan hacer exactamente lo que hacen los peces gracias a las líneas laterales", señala Michael Triantafyllou, profesor de Tecnología Marina, Mecánica e Ingeniería Oceánica del MIT. "Pero aunque conseguimos ideas observando a los peces, no tenemos que usar exactamente el mismo diseño que estos utilizan", explica. En los peces, las líneas laterales están formadas por sistemas de canales llenos de líquido que contienen pelos diminutos que controlan los flujos y envían mensajes directamente al cerebro de los peces".

"Este es un órgano que no tenemos, por lo que no tenemos ni idea de cómo funciona realmente, pero es genial porque es simple y no requiere el cálculo intenso que necesita la vista, por ejemplo", comenta Triantafyllou, a lo que añade que "la versión de ingeniería también debe generar señales simples de modo que -sin usar un gran ordenador- se sepa inmediatamente lo que está pasando y se puedan tomar medidas".

Un barco guardacostas se enfrenta a grandes olas. Fuente: Mike Baird.
Un barco guardacostas se enfrenta a grandes olas. Fuente: Mike Baird.
Para diseñar y fabricar los sensores de presión, Triantafyllou acudió a los Laboratorios de Microsistemas Tecnológicos (MTL) del MIT. Allí, los expertos realizaron varios modelos de bajo costo, utilizando sensores de alto rendimiento basados en los sistemas microelectromecánicos (MEMS), tecnología que emplea pequeños dispositivos mecánicos que funcionan con electricidad.

Un equipo del MTL, dirigido por Jeffrey Lang, profesor de Ingeniería Eléctrica, diseñó unos sensores de presión, cada una de ellos con una cavidad de dos milímetros de ancho cubierto por una membrana de silicona de 20 micras de espesor que se dobla dependiendo de la presión. Un medidor de tensión de metal en la superficie de cada uno de los sentidos de la desviación de membrana genera una señal que indica la presión. Los sistemas electrónicos amplían e integran las señales de todos los sensores, generando una información sobre la presión que puede visualizarse continuamente on line.

En las pruebas realizadas ya en pequeñas embarcaciones y hélices, el conjunto de sensores resultó ser más robusto y sensible de lo esperado. En una serie de experimentos, Triantafyllou y sus colegas del Centro de Ingeniería Oceanográfica del MIT dotaron a una pequeña embarcación con sensores en lugares que imitan donde los tienen los peces. También instalaron sensores disponibles en el mercado que generan mediciones fiables para la comparación y la orientación. Luego se realizaron experimentos en los 108 metros de largo del tanque del MIT con un generador de olas.

En esos experimentos, se simuló una situación común: un barco se desplaza en línea recta, pero la dirección de corriente se acerca a cierto ángulo, que obliga al buque a emplear mucha energía para contrarrestar esa fuerza. Un enfoque más eficiente desde el punto de vista energético sería ir directamente hacia la corriente todo el tiempo posible y luego doblar,como si un velero hiciera bordadas en el viento. De este modo, las mediciones que se realizan de la presión podrían intentar ejecutar este tipo de maniobra, y así ahorrar energía.

Para repetir esta situación, los investigadores impulsan la nave directamente en sentido contrario al flujo desde el generador de olas y después a un ángulo que va en aumento. A medida que aumenta el ángulo, las asimetrías de la presión aumentarán significativamente. La combinación de baja presión en un lado y de alta presión en el otro crea una fuerza de arrastre que debe ser superada, lo cual supone un gran gasto de energía.

"El efecto es muy perceptible", apunta Triantafyllou. "Estas fuertes señales de presión pueden guiarnos a medida que desarrollemos técnicas para navegar y maniobrar de manera más eficiente".

La detección de remolinos

Otra de las investigaciones realizadas por este equipo tiene por objeto detectar los remolinos, que también pueden afectar drásticamente a la navegación. Una vez más, los peces usan sus líneas laterales para identificar los remolinos. Así, por ejemplo, se observó en un vídeo cómo un grupo de truchas en un tanque sufrieron el efecto de dos remolinos, primero de un lado y luego del otro. Las truchas utilizaron sus líneas laterales para detectar los remolinos y emplearon su fuerza de succión para permanecer en el mismo lugar sin nadar, ahorrando energía.

Para poner a prueba la capacidad de las truchas para identificar remolinos, los investigadores utilizaron de nuevo el mismo tanque. Para estas pruebas, se echaron en el agua pequeñas partículas y se utilizó un rayo láser que iluminaba desde el fondo, y que permitió observar los patrones de flujo sin molestar a los peces. Cuatro sensores midieron la presión generada por los remolinos a través del tanque. A partir de las señales de presión de los sensores, un modelo de flujo estimó la posición y la fuerza exacta de los remolinos, así el modelo puede detectar con precisión el comportamiento de los remolinos dentro del tanque.

Triantafyllou y su equipo están desarrollando métodos de control de flujos o corrientes que interfieren con la propulsión y maniobrabilidad. En uno de los proyectos, se diseñó un vehículo sumergible con forma de torpedo, que contaba con diferentes sensores de presión y dos pequeños cilindros de rotación en los laterales. Cuando el sumergible se dirige a un lado en dirección contraria a la corriente, los sensores de presión detectan la formación de remolinos y comienzan a girar los pequeños cilindros. Éstos giran en direcciones opuestas, creando una succión que impide inmediatamente la formación de remolinos.

El equipo también está estudiando otro posible modelo procedente del mundo animal: los bigotes de las focas. Este órgano tiene una notable capacidad para detectar las velocidades de los flujos. Según varios experimentos, una foca con los ojos vendados puede detectar el paso de un pez gracias a sus bigotes, que registran cambios en la velocidad del flujo incluso hasta 30 segundos después de que su presa haya pasado.

Los investigadores recientemente adquirieron bigotes de focas del Acuario de Nueva Inglaterra en Boston para así desarrollar modelos a gran escala de estas elaboradas estructuras y programar simulaciones por ordenador para ver su funcionamiento. "Estamos tratando de entender por qué estos bigotes funcionan tan bien", cuenta Triantafyllou. "Una vez más, esperamos emular la capacidad de las criaturas de alta mar para sentir las corrientes a su alrededor, el cual es un requisito previo para el desarrollo de buques más eficientes a nivel energético, así como fáciles de manejar".

Volvo imita a las langostas para evitar que los coches colisionen

Estos insectos reaccionan instantáneamente ante un obstáculo


Ingenieros de Volvo imitan el modo de ver y volar de las langostas para desarrollar un sistema capaz de evitar que nuestros coches atropellen a un peatón o choquen contra otro vehículo. Para ello, han partido de los estudios hechos por la profesora Claire Rind, de la Universidad de New Castle, que descubrió que estos voraces insectos tienen la capacidad de transmitir las entradas visuales de manera instantánea a las células nerviosas de sus alas sin que pasen por el cerebro, reduciendo así el tiempo necesario para reaccionar. Volvo reconoce que todavía tienen que pasar varios años para conseguir imitar esta característica de la langosta. El gran reto es crear un algoritmo susceptible de ser trasladado al sistema informático de seguridad de un vehículo. Por Raúl Morales.


 

Uno de los experimentos hechos para descrubrir el funcionamiento de la vista de la langosta. Foto: Volvo
Uno de los experimentos hechos para descrubrir el funcionamiento de la vista de la langosta. Foto: Volvo
Uno de los experimentos hechos para descrubrir el funcionamiento de la vista de la langosta. Foto: Volvo
Uno de los experimentos hechos para descrubrir el funcionamiento de la vista de la langosta. Foto: Volvo
La empresa automovilística Volvo está decidida a crear un coche a prueba de accidentes antes de 2020. Sus ingenieros están estudiando la langosta africana para imaginar cómo un coche podría imitar la increíble habilidad de este insecto para no chocar con obstáculos en pleno vuelo.

La finalidad de este proyecto es incorporar el sistema de visión de la langosta en un coche, de tal modo que sea lo suficientemente inteligente como para evitar golpear a un transeúnte, por ejemplo.

"Si pudiésemos descubrir cómo las langostas pueden evitar chocar entre ellas, también podríamos programar nuestros coches para que no se produzcan atropellos", comenta Jonas Ekmark, director de seguridad preventiva de Volvo en un comunicado de de la compañía difundido por Easier.

Volvo parte de la idea de que la naturaleza es un laboratorio magnífico. Desde que la primera célula emergió de la "sopa" primigenia, la naturaleza ha ido probando, seleccionando y perfeccionando la mejor manera para que la vida siga adelante. Hoy, las lecciones aprendidas por la naturaleza ayudan a ingenieros y científicos a mejorar nuestras vidas. Hay multitud de ejemplos, como el Velcro, un invento del ingeniero suizo George de Mestral, que se inspiró en los frutos del cardo alpino; o las prendas auto lavables, una réplica artificial de la estructura de la piel del tiburón.

Una neurona especial

Los ingenieros del fabricante sueco han tomado el trabajo de la doctora Claire Rind, de la Universidad de Newcastle, en el Reino Unido, para iniciar esta investigación. Esta profesora estudia la migración de las langostas africanas en el Insect Vision Laboratory. En sus investigaciones ha descubierto que este insecto transmite las entradas visuales de manera instantánea a las células nerviosas de sus alas, aparentemente sin pasar por el cerebro. A este hecho, se le ha llamado "Locust Principle" (Principio de la Langosta).

También se ha descubierto que la langosta tiene una gran neurona a la que se le llama Detector Gigante de Movimiento de la Langosta (Locust Giant Movement Detector, LGMD), localizada entre sus ojos. La LGMD dispara pulsos de energía cuando una langosta va a colisionar con otra langosta u otro obstáculo.

Volvo se fijó en las langostas ya en 2002, cuando Rind estudiaba, precisamente, la actividad de la LGMD mientras los insectos visionaban escenas de acción de la película "La Guerra de las Galaxias". El equipo encontró que la LGMD liberaba más energía cuando algo venía directamente hacia la langosta.

Según parece, esta energía prepara a la langosta para evitar el impacto. El proceso completo desde la detección del movimiento hasta la reacción dura sólo 45 milisegundos.

"Las langostas son rápidas reaccionando y tienen circuitos fiables, hacen sus cálculos sobre un fondo con un montón de distorsiones, como cuando conducimos por la ciudad", comenta Rind.

La profesora Rind, de la Universidad de New Castle. Foto: Volvo
La profesora Rind, de la Universidad de New Castle. Foto: Volvo
Trabajo complicado

Volvo quiere saber si esta metodología de vuelo puede ser usada para llegar a crear un sistema para mejorar la seguridad de los viandantes. El primer paso de esta investigación es sintetizar un algoritmo de la langosta que pudiera se aplicado en el sistema informático de seguridad de un coche. "El sistema de procesado de una langosta es mucho más sofisticado que cualquier software o hardware disponible", advierte Ekmark.

O sea, que, en este caso, que la tecnología llegue a parecerse a la naturaleza no es una tarea sencilla. Según Ekmark, todavía Volvo todavía tiene muchos años de investigación por delante para traspasar el pequeño cerebro de la langosta a un coche".

Pero hay pasos intermedios. En lugar de esperar a sacar todo el partido que parecen tener los estudios de la profesora Rind, Volvo ha creado un dispositivo de alerta de peatón que introducirá en sus modelos a medio plazo.

Por otro lado, Volvo ha incluido en su modelo XC60 lo que ha llamado el "Volvo City Safety", un sistema que permite frenar al coche en seco si el coche de delante frena de repente.

"Aunque City Safety no está relacionado con la investigación de las langostas, confiamos que este sistema será un primer paso para evitar atropellos", comenta Ekmark.

Por el momento, la modesta langosta ha vencido al ser humano. Pero los ingenieros de Volvo no se rinden, y su idea es seguir tirando del hilo de esta investigación. "Las grandes preguntas todavía se mantienen: ¿cómo hacen los grupos de langostas para no chocar unos con otros?"

Nissan mejorará la seguridad de sus coches imitando a los peces

Las peceras inspiran un sistema destinado a evitar accidentes


Ingenieros de Nissan Motor han desarrollado un robot que imita en su recorrido el comportamiento de los peces. Según sus creadores, las peceras proporcionan mucha información sobre libertad de movimiento y seguridad, por lo que han sido una fuente de inspiración para ellos. El invento será presentado en la próxima feria de electrónica CEATEC, de Japón, y se enmarca en un proyecto más amplio de Nissan con el que la compañía pretende reducir a la mitad los accidentes de sus automóviles en 2015. Por Yaiza Martínez.



Uno de los robots desarrollados por Nissan gracias a la biomímica y que servirán para mejorar la seguridad de los automóviles. Fuente: Nissan.
Uno de los robots desarrollados por Nissan gracias a la biomímica y que servirán para mejorar la seguridad de los automóviles. Fuente: Nissan.
Un equipo de ingenieros japoneses de la compañía Nissan Motor está desarrollando una tecnología con la que, algún día, podrán evitarse muchos accidentes de tráfico.

Dicha tecnología está inspirada en el comportamiento de los peces cuando éstos nadan por una pecera sin colisionar nunca, a pesar de tener un espacio limitado, informa la revista Physorg.com.

El resultado del trabajo es un robot que puede viajar en grupos de más de siete unidades, evitando choques, gracias al intercambio de información con el resto de los miembros del grupo. Nissan Motor espera que este sistema pueda aplicarse a sus automóviles en un futuro.

Movimiento y seguridad

El robot, que tiene tres ruedas, utiliza un telémetro láser (dispositivo que mide distancias de forma remota) para medir la distancia que le separan de los obstáculos, así como comunicaciones por radio. Con estos elementos, es capaz de recrear el comportamiento de un pez, es decir, puede cambiar de dirección y moverse en paralelo sin chocar.

Los peces han sido el modelo escogido para imitar porque, según el director del proyecto, el ingeniero Toshiyuki Andou, se puede aprender mucho de una pecera en lo que a grado de libertad de movimiento de los peces y de seguridad se refiere.

Esta tecnología será mostrada en la feria de electrónica CEATEC, que se celebra en Japón entre el seis y el 10 de octubre, pero no es el primer intento de Nissan Motors por hacer sus vehículos más seguros.

El año pasado, la compañía presentó también en CEATEC un micro-coche robótico denominado "BR23C"que imitaba a las abejas. Ambos inventos siguen el mismo objetivo: reducir a la mitad el número de accidentes de tráfico con los coches de la compañía para 2015, en comparación con las cifras de 1995.

Imitar también a las abejas

Con respecto al BR23C, según explicó Nissan en un comunicado, las abejas, durante su vuelo, crean a su alrededor un espacio propio, de forma ovalada. Por otro lado, sus complejos ojos les permiten ver con una amplitud de 300 grados, y así pueden volar sin interrupción, dentro de su "espacio individual".

Para recrear esta función del ojo de la abeja, los ingenieros utilizaron ya en el micro-coche robótico de 2008 un telémetro láser que detectaba obstáculos a más de una distancia de dos metros en un radio de 180 grados.

El telémetro láser enviaba señales a un microprocesador situado dentro del robot, indicándole así los posibles obstáculos. En función de esta información, el BR23C podía evitar chocar con dichos obstáculos.

Según explicó entonces Andou, una fracción de segundo después de detectar el obstáculo, el coche robot imitaba el movimiento de una abeja y cambiaba de dirección instantáneamente, girando sus ruedas en ángulos rectos para evitar las colisiones, y reduciendo la velocidad.

El ingeniero señaló que la mayor diferencia de este sistema con respecto a cualquier otro sistema es que la maniobra realizada era totalmente instintiva e instantánea, similar a la que hacen las abejas cuando van a chocarse con un obstáculo.

Observando la naturaleza

Estos dos inventos de Nissan Motor se enmarcan dentro de una rama de la ingeniería que estudia los procesos de la naturaleza para buscar las soluciones más efectivas, y que está dando interesantes frutos: la biomímica.

El pasado mes de julio, Telegraph describía algunos de los logros alcanzados en las últimas décadas por la biomímica.

Uno de los ejemplos más conocidos es el de George de Mestral, un ingeniero suizo que desarrolló en 1951 el concepto del Velcro al observar cómo las semillas de un género de plantas llamadas arctium se enganchaban constantemente a su ropa y al pelo de su perro, cuando ambos daban paseos por el campo.

Al examinar el material de estas semillas a través de un microscopio, Mestral consiguió distinguir diversos filamentos entrelazados terminados en pequeños ganchos, causando así una gran adherencia a los tejidos. Éste fue el origen de su invento.

Otros investigadores se han apoyado en la biomímica para diseñar, por ejemplo, una tecnología basada en los peces, capaz de aprovechar los remolinos que causan los fluidos en torno a un cuerpo como fuente de energía limpia (prototipo Vivace de la Universidad de Michigan) o para crear un sistema como "Biowave", que imita el movimiento de las plantas subacuáticas para generar electricidad.

Los robots ya pueden sentir, gracias a una piel artificial sensible

Científicos de la TUM consiguen que las máquinas perciban movimientos y cambios de temperatura, a través del tacto


Investigadores de la Universidad Técnica de Munich (TUM) han diseñado unos brazos robóticos articulados capaces de reaccionar al calor o las caricias. Los científicos pudieron proporcionar esta capacidad a las máquinas, gracias a unas pequeñas placas hexagonales que, al unirse, dan lugar a una piel artificial sensible. Con ella, los robots han podido percibir señales externas. La primera prueba realizada con estos sensores ha culminado con éxito. Por Amalia Rodríguez Gómez.



Fuente: Andreas Heddergott / TUM.
Fuente: Andreas Heddergott / TUM.
Robots camareros, robots domésticos que ayudan a realizar las tareas del hogar, robots mascotas, como el robot Aibo de Sony, robots utilizados en el sector educativo o servicios (por ejemplo, para llevar a cabo la vigilancia de un lugar), dedicados a tareas de búsqueda y rescate, o robots empleados en el ámbito de la medicina. Éstas son algunas de las múltiples aplicaciones que desarrollan ya estas máquinas inteligentes comerciales e industriales.

El desarrollo sensorial de estos sistemas autómatas, en cambio, es uno de los retos en los que la comunidad científica viene trabajando. En Alemania, un equipo de científicos de la Universidad Técnica de Munich (TUM) ha diseñado una piel artificial para robots, consiguiendo así que estas máquinas inteligentes tengan su propio sentido del tacto, publica la TUM en un comunicado.

Gracias a esta piel, los robots podrán sentir la temperatura exterior y reaccionarán ante el contacto físico, es decir, serán conscientes del calor y del frío, de la misma forma que sentirán el roce de una caricia.

Con esta información táctil, será posible por primera vez que las máquinas aumenten su percepción de la realidad, facilitada además por los ojos de una cámara, los escáneres infrarrojos o las manos articuladas.

Para lograr este avance, los investigadores de la TUM fabricaron unas pequeñas placas hexagonales -del tamaño de una moneda-, que, al unirse, forman una piel sensible. Este trabajo se ha publicado en IEEEXplorer.

Al igual que ocurre con la piel humana, la piel artificial percibe si va a chocar con un objeto y como consecuencia reacciona realizando algún movimiento, o sabe que está sujetando un objeto porque lo siente y además lo percibe a través del sentido de la vista, ejemplos ambos que se muestran junto con otras funciones más en el vídeo añadido.

"En contraste con la información táctil proporcionada por la piel, el sentido de la vista es limitado, porque los objetos se pueden ocultar", explica Philip Mittendorfer, científico que trabaja en el desarrollo de la piel artificial en el Instituto de Sistemas Cognitivos de la TUM.

Sensores infrarrojos simuladores del tacto

La pieza central que conforma esta nueva cubierta robótica es un tablero de cinco centímetros cuadrado con una placa hexagonal integrada. Cada pequeña placa de circuito consta de cuatro sensores infrarrojos que reconocen la presencia de cualquier elemento a menos de un centímetro de distancia. "De esta manera, detecta cualquier roce, por ligero que sea", explica Mittendorfer.

Además, la placa contiene seis sensores de temperatura y un acelerómetro. Esto permite que la máquina registre con total precisión el movimiento de miembros individuales, por ejemplo, de sus brazos, y por lo tanto que sepa qué partes del cuerpo acaba de mover.

Placas hexagonales que componen la piel artificial. Fuente: TUM.
Placas hexagonales que componen la piel artificial. Fuente: TUM.
Placa a placa, todas las partes de este sistema de estructura completamente plana se colocan en forma de panal. Para que el robot tenga la capacidad de detección, las señales de los sensores son procesadas por un ordenador central.

Según el responsable del proyecto, "cada módulo sensorial pasa no sólo su propia información, sino que también sirve como centro de datos para los diferentes elementos sensoriales. Esto sucede automáticamente, asegurando que las señales lleguen de forma alternativa en caso de que una conexión falle".

Apuesta por capacidades neurobiológicas

Por el momento, sólo una pequeña porción de piel se encuentra completa. Está formada por 15 sensores repartidos por los diferentes puntos del brazo robótico desarrollado.

"Vamos a terminar de crear toda la piel y a generar un prototipo que esté completamente acabado con estos sensores, y que así pueda interactuar de nuevo con su entorno", afirma el profesor Gordon Cheng, supervisor del proyecto, quien añade que ésta será "una máquina que se dé cuenta de cuando le tocan la espalda... incluso en la oscuridad".

Los logros sensoriales no son los únicos aspectos pioneros de este proyecto. "Más allá de estas características, estas máquinas serán algún día capaces de incorporar nuestras capacidades neurobiológicas fundamentales y formar su propia impresión del entorno", concluyen los investigadores de la TUM.

3 comentarios:

El pez y la pluma dijo...

Interesenatisimo lo que publicas.

Quizás te interese este link sobre la piramide descubierta en Bosnia. Según el artículo es las mas antigua hasta ahora descubierta. Mas que los sumerios.

http://preparemonosparaelcambio.blogspot.com/2011/11/inquietante-descubrimiento-arqueologico.html

valdeandemagico dijo...

Muchiiiiisimas gracias por la información, un gran artículo. Aunque lo que más me ha llamado la atención, o por lo menos a lo que más estoy atento últimamente es cuando dice:debajo de la pirámide la acumulación de agua que se encuentra está conectado a los lagos subterráneos por debajo de las pirámides bosnias similares del Sol y el Dragón.

Eso mismo aparece en todas las pirámides, y cuando uno empieza a entender las maravillas del agua, es cuando empieza a seguir pistas de este estilo. Bueno, lo dicho muchas gracias por la información y hay que estar pendiente de los diseños de esos conductos subterraneos, y esa energía artificial, pues tiene pinta de que esta pirámide puede estar bastante virgen, por lo que pueden dar gran información valiosa.

valdeandemagico dijo...

Pues eso, pienso que efectivamente había una red de comunicación por toda la tierra, aunque yo más que comunicación digo monitorización, y sigo pensando que al igual que hoy usamos el cobre, o la fibra óptica, en ese momento, hace 12.000 años usaban el agua.