Según valdeandemagico, la pirámide de Keops medía la estabilidad magnética del planeta tierra (además de temperatura, vientos, movimientos sismicos...)y mandaba dichos datos al espacio. La camara del Rey, era el amplificador fractal, cuya señal portadora (1.42 Ghz) salía por los conductos de ventilación. Todas las medidas de canalizaciones, cámaras y demás están relacionadas con las ondas electromagnéticas que por ahí viajaban.

sábado, diciembre 03, 2011

Del "como si fuera..." de la ciencia, al "Es..." de la teoría del todo de Valdeandemagico.

Según la teoría del todo de Valdeandemagico cuando hablamos del ADN de nuestro cuerpo y de todo su funcionamiento hay que sustituir el "como si fuera un ordenador..." que acaban utilizando al final todos los científicos, al "somos una máquina molecular artificialmente diseñada..."

Según la teoría del todo de Valdeandemagico, el ADN es la antena que recibe información y la convierte en i-fotones, los cuales son transportados por los microtúbulos, autenticos cristales fotónicos, hasta los centriolos, autenticos centros de procesado de datos.

Hoy nos hacemos eco de una entrevista a un paisano nuestro de Burgos, aunque él sea de la capital, y nosotros de un pueblecito totalmente olvidado, eso sí, nuestro pueblo es mágico.

A lo que nos queremos referir hoy es que a todo científico del siglo XXI que se precie, no a los que siguen anclados en las teorías de Darwin del siglo XXI, cuando intenta explicar en que trabaja, siempre acaba diciendo es como el disco duro del ordenador, es como el interfaz del ordenador, es como la pantalla del ordenador, es como... Es todo tan evidente, que no encuentran otra forma humana de explicarlo. Y lo que la teoría del todo de Valdeandemagico ha propuesto desde el principio es olvidarnos ya de ese "como si..." y dejar ya muy claro que sencillamente somos máquinas moleculares artificialmente diseñadas, es decir, no es como si, sino que realmente somos puro diseño.

La información genética, esa que explica lo que somos, se encuentra en nuestro ADN como si se tratara del disco duro de nuestro ordenador. Pero de poco serviría esta información sino hubiese una serie de mecanismos capaces de leerla y, en este caso, son una serie de proteínas especiales que se encuentran en las células y que se llaman factores de transcripción.
Estos factores actúan como pequeños robots que encienden y apagan diminutos interruptores distribuidos a lo largo del ADN. La interacción entre los factores de transcripción y estos interruptores forman complejas redes de conexión que, volviendo al símil del ordenador, sería toda la circuitería lo que en biología son las redes genéticas.
Sin embargo ¿cómo podemos leerlos? Aquí entra el trabajo de especialistas como Arauzo-Bravo. Y es que cada vez son más necesarios integrar conocimientos matemáticos y computacionales para descifrar los complejos procesos biológicos.



'Si quieres investigar, mejor marcharte fuera'

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Al principio, nada parecía presagiar que el camino de este burgalés cogería los derroteros de la investigación científica cuando cursaba Ingeniería Industrial en la Universidad de Valladolid. Pero, como él mismo afirma, el 'gusanillo' de la investigación siempre estuvo ahí y a sus 43 años, Marcos J. Arauzo ya he recorrido medio mundo como bioinformático.
"En realidad una cosa llevó a la otra. A mí siempre me había gustado investigar y antes de terminar la carrera me metí en un proyecto europeo que trataba de desarrollar controladores para el proceso de fermentación de la penicilina... y allí estaba yo. Desde entonces dedico mi vida a integrar los conocimientos computacionales y de ingeniería del control para resolver problemas biológicos", recuerda Marcos.
Desde entonces, y tras pasar varios años como profesor asociado en la universidad de su Burgos natal, Arauzo-Bravo sintió que su sitio era seguir los derroteros de la investigación dentro del campo de la bioinformática y, de paso, cambiar de aires. "En España no se da la suficiente importancia a la investigación y hay muy pocos medios para hacer buenos trabajos, por lo que si quieres dedicarte a esto es mejor marcharte fuera", considera.
Por ello, estuvo cerca de tres años pidiendo insistentemente una beca para marchase a Japón y allí desarrollarse profesionalmente. "Aunque no tenía un gran nivel de inglés, me la dieron por cabezota, y así me planté en el Instituto de Tecnología de Kyushu [la tercera isla más grande de Japón] donde enmarcado en un proyecto de ingeniería metabólica y trabajando sobre las reacciones bioquímicas de las células descubrí mucho más sobre biología".
Así pasaron los años, y tras siete en este país oriental y con otro post-doctorado bajo el brazo, Arauzo-Bravo decidió volver a Europa y, más concretamente, a Alemania en lo que él define como toda una tentación intelectual y profesional. "Llevaba sólo unos meses trabajando en una empresa japonesa cuando me llegó un mail que casi se pierde. Era para hacer una presentación en Alemania y, aunque estaba contento donde trabajaba, no era lo que me llenaba. Así, hice las maletas y me planté allí. Tras unas pocas entrevistas, el Instituto Max Planck de Biomedicina Molecular me abrió sus puertas... de esto hace cinco años y hasta ahora", comenta.

Descifrando la biología

La información genética, esa que explica lo que somos, se encuentra en nuestro ADN como si se tratara del disco duro de nuestro ordenador. Pero de poco serviría esta información sino hubiese una serie de mecanismos capaces de leerla y, en este caso, son una serie de proteínas especiales que se encuentran en las células y que se llaman factores de transcripción.
Estos factores actúan como pequeños robots que encienden y apagan diminutos interruptores distribuidos a lo largo del ADN. La interacción entre los factores de transcripción y estos interruptores forman complejas redes de conexión que, volviendo al símil del ordenador, sería toda la circuitería lo que en biología son las redes genéticas.
Sin embargo ¿cómo podemos leerlos? Aquí entra el trabajo de especialistas como Arauzo-Bravo. Y es que cada vez son más necesarios integrar conocimientos matemáticos y computacionales para descifrar los complejos procesos biológicos. Ahora, su nuevo reto se centra en dirigir su propio grupo de Biología Computacional y Bioinformática -compuesto por tres postdoctorados y dos estudiantes de este nivel- centrándose en un objetivo claro: desarrollar modelos computacionales que permitan simular redes genéticas y, en última instancia, descifrar los mecanismos de reprogramación celular.
Y eso que, según él, la edad ya juega en su contra: "en otras profesiones cuanta mayor experiencia mejor, te cuenta en positivo, pero en investigación no", asegura. "Si no has progresado lo suficiente en cuanto a publicación de artículos especializados siendo uno el investigador principal y demás, tienes más problemas para desarrollar investigaciones propias, que te concedan ciertos recursos, etc. Y en mi caso, con los traslados de país se ha hecho más complicado".
Aún así, y aunque ahora empieza a sentir algo de 'morriña' por España, asegura que las posibilidades de desarrollarse aquí son bastante complicadas: "Hace poco rechacé una oferta de la Universidad de Burgos, pues el dinero que ofrecían era bastante bajo. Además, ya no es sólo la cuestión económica", explica. "Son admirables los trabajos que se hacen en España porque se hacen cosas muy buenas con muy pocos medios. Allí, y sobre todo ahora con la crisis, lo primero que se hace es recortar en investigación porque todo lo que hacemos los investigadores se ve como un gasto, no como un beneficio a largo plazo. Sin embargo, en Japón y especialmente en Alemania, esto es diferente, durante la crisis no se ha quitado financiación".

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La genética condiciona la respuesta humana al apoyo social

Una variante en un gen específico influye en el proceso de la oxitocina y determina el grado de sensibilidad a la ayuda, revela un estudio


La hormona oxitocina, que funciona además como neurotransmisor, juega un papel clave como reductor del estrés. El mismo efecto genera el apoyo social, aunque no en todo el mundo: a unas personas las ayuda y a otras las deja indiferentes. Para tratar de comprender porqué, científicos alemanes han estudiado la interacción entre el apoyo social y el proceso de la oxitocina en humanos. Así, han descubierto que una variante genética puede hacer que, para algunos individuos, las personas queridas no resulten un bálsamo. Por Yaiza Martínez.



Oxitocina. Fuente: Wikimedia Commons.
Oxitocina. Fuente: Wikimedia Commons.
El apoyo social que proporcionan familiares y amigos es uno de los factores más poderosos de protección contra enfermedades relacionadas con el estrés, como los ataques al corazón o la depresión.

En el año 2003, un profesor de psicología biológica de la Universidad de Friburgo, en Alemania, llamado Markus Heinrichs, demostró por vez primera que, en los humanos, la hormona oxitocina juega un papel clave tanto en el control del estrés como en el efecto reductor del estrés, que propicia el apoyo social.

Según publica la Universidad de Friburgo en un comunicado, en estudios posteriores, Heinrichs demostró asimismo que la oxitocina administrada mediante un spray nasal puede incrementar la confianza y la empatía hacia otras personas y que, por tanto, esta hormona tendría potencial terapéutico para una serie de trastornos mentales.

Reacciones distintas

Sin embargo, se sabe que no todas las personas reaccionan del mismo modo frente al apoyo social o que éste no tiene el mismo efecto en todos los individuos.

Heinrichs y sus colaboradores se preguntaron el porqué de esta diferencia, y si el sistema de procesamiento de la oxitocina en el organismo jugaría algún papel en ella.

En un artículo aparecido en la revista Proceedings of the National Academy of Science (PNAS) se explica que, para tratar de responder a estas cuestiones, Heinrichs y otros psicólogos y neurocientíficos de la Universidad de Friburgo (Frances S. Chen, Robert Kumsta y Bernadette von Dawans, en colaboración con los investigadores Richard P. Ebstein y Mikhail Monakhov, de la National University of Singapore de Estados Unidos, examinaron la modulación genética de la efectividad del apoyo social, en función de ciertas variantes de un gen específico: el gen receptor de oxitocina o OXTR.

Este gen , que codifica la proteína receptora de la oxitocina, estaría localizado en humanos en el cromosoma tres y, según han sugerido los resultados de otros estudios, estaría fuertemente involucrado en las diferencias de conducta social.

En concreto, los científicos analizaron si un polimorfismo de nucleótido simple (SNP) común (rs53576) en el gen receptor de oxitocina o OXTR podría influir en los efectos protectores contra el estrés, favorecidos por el apoyo social.


Markus Heinrichs. Fuente: Universidad de Friburgo.
Markus Heinrichs. Fuente: Universidad de Friburgo.
Los SNPs son variaciones en la secuencia de ADN que afectan a una sola base de una secuencia del genoma o totalidad de información genética de cualquier organismo.

El efecto depende de variaciones genéticas

Para la realización del estudio, los investigadores tomaron muestras de cortisol salival y registraron las evaluaciones subjetivas de estrés de 194 participantes, todos hombres sanos. El cortisol fue recogido porque es una hormona que libera la glándula suprarrenal como respuesta al estrés.

Las muestras y las evaluaciones subjetivas se recogieron antes, durante y después de someter a los voluntarios a un procedimiento estandarizado de generación de estrés psicosocial en laboratorio.

Los científicos determinaron, de manera aleatoria, qué participantes se prepararían para la prueba estresante en soledad y cuáles lo harían acompañados de sus parejas o de alguna amiga cercana.

De esta forma, se constató lo siguiente: hubo diversas respuestas al estrés entre los distintos grupos genotípicos, en función de la ausencia o presencia de apoyo social.

Frances S. Chen explica que “la presencia de una persona cercana durante la preparación para la prueba redujo el estrés de la mayoría de los participantes. Sin embargo, el grupo de personas portadoras de una variante particular en el gen receptor de oxitocina no obtuvo ningún beneficio de este apoyo”.

Estos resultados indicarían que variaciones genéticas en el sistema de la oxitocina del organismo humano modularían la efectividad de la interacción social positiva como protectora contra las experiencias estresantes.

Aplicaciones terapéuticas

Según Heinrichs, estos resultados tendrían importantes consecuencias para la investigación actual en nuevos métodos terapéuticos. “La “terapia psicobiológica” quue estamos desarrollando actualmente implica una combinación nueva de la oxitocina y la psicoterapia para el tratamiento de trastornos metales que implican déficits sociales. Por tanto, para nosotros resulta de gran relevancia comprender hasta qué punto el organismo puede ser sensible o no a esta metodología”, explica el investigador.

En términos generales, la oxitocina (hormona que está relacionada con los patrones sexuales y con la conducta maternal y paternal que actúa también como neurotransmisor en el cerebro) ha jugado un papel esencial en la regulación del comportamiento social y de los afectos en la evolución de los mamíferos.

Sobre sus funciones, investigaciones recientes han demostrado, por ejemplo, que la oxitocina aumenta la empatía, ayuda a valorar las señales sociales o influye en la confianza hacia otros. Asimismo, otros estudios han revelado que esta hormona puede aumentar la sensibilidad masculina o ayudar a resolver los problemas de pareja.

La oxitocina no es sólo "la hormona del amor" 


Nuevos experimentos realizados con oxitocina, hormona conocida como “hormona del amor” por su importancia para las relaciones de pareja y el establecimiento de los lazos entre madre e hijo, han demostrado que dicha hormona tiene una profunda influencia también en otros aspectos de nuestra vida.

Por ejemplo, estos nuevos estudios han demostrado que la oxitocina incrementa nuestra sensibilidad a la publicidad. En un experimento realizado, se constató que, después de aspirar oxitocina por la nariz, los participantes en el estudio se mostraron más empáticos con los anuncios sobre servicios públicos y eran más propensos a donar para sus causas.

Otra investigación demostró que la oxitocina es importante para la valoración de las señales sociales y, por tanto, podría ayudar a tratar algunos trastornos psiquiátricos graves que afectan a la interacción social, como el autismo o la esquizofrenia.

Recientes estudios de investigación económica han demostrado, por último, que la oxitocina está implicada en la capacidad de confiar y en la empatía.